21/noviembre/2008
Tony Mejías
Redacción   
30/mayo/2006
Autodidacta, iniciado en la fotografía desde muy joven, toma contacto con la información gráfica en 1984 colaborando con Diario de Cádiz. En diciembre de 1988 pasa a formar parte de la plantilla del diario  Europa Sur,  donde permanece hasta diciembre de 2000. Actualmente trabaja como reportero gráfico independiente para la Agencia Internacional REUTERS y el diario EL MUNDO, además de realizar trabajos para otros diarios y agencias de información nacional e internacional.

Durante su trayectoria profesional ha publicado fotografías en medios como Interviú, Tiempo, Época, El Correo Vasco, As, Marca, El Semanal y The European. Buena parte de esos trabajos han reflejado temas de actualidad como la inmigración clandestina en el Estrecho, el conflicto pesquero con Marruecos, la polémica estancia del “Tireless” en Gibraltar o el contrabando de tabaco en la frontera con el Peñón.

Tiene en su poder primeros premios en concursos provinciales y nacionales de fotografía de prensa y artística. Por otra parte, ha realizado varias exposiciones individuales. Unas, fruto de su trabajo diario como informador gráfico; otras, como resultado de sus viajes por otros países, como Palestina, Tailandia, Túnez, Turquía, Grecia, Marruecos, Jordania, India, Argelia o el Sahara.

Siempre he sido de los que creen que una imagen vale más que mil palabras. Puede parecer una frase hecha, pero no lo es. Es, más bien, el improvisado resumen del por qué de mi dedicación al fotoperiodismo.

Apenas recuerdo qué edad tendría cuando hice mi primera foto; cuando descubrí que me resultaba mucho más fácil comprender todo aquello que me rodeaba si lo observaba a través del visor de una cámara. En cualquier caso, era un adolescente. Tendría trece, catorce años. No más.

Luego, con el paso del tiempo, aquella afición se iría convirtiendo en una profesión, en un oficio maltratado pero a la vez apasionante, y, a la postre, en un modo de vida.

Por lo demás, me niego a pensar que la fotografía de prensa haya dejado de ser necesaria. Es cierto que vivimos una época compleja, que en la era digital de la globalización y el mestizaje andamos todos un poco desorientados, tratando de cogerle el ritmo a un planeta que gira demasiado deprisa y casi sin darnos tiempo a digerir los cambios.

Pero, precisamente por eso, el fotoperiodismo sigue y seguirá estando vigente, aunque cambien los soportes. Y lo seguirá estando porque una simple fotografía sigue siendo capaz de detener el tiempo, de congelar en dos dimensiones un fragmento fugaz de nuestra propia historia colectiva. Algo que tal vez esté sucediendo ahí fuera, en alguna parte, y que probablemente no merezca quedar en el olvido.

Por mi parte, llevo más de veinte años con la cámara a cuestas, y, como muchos compañeros, puedo asegurar que he visto de casi todo. De lo bueno, de lo malo y de lo regular. Y es verdad que se pierde la inocencia, pero también es verdad que hay imágenes a las que tal vez no te acostumbras nunca.

Algunas de ésas imágenes me las he tropezado de madrugada, agazapadas entre los restos de un naufragio en una playa de Tarifa. Otras me han salido al encuentro en las esquinas del hambre, en los rincones olvidados de la droga, en las lágrimas de una madre Palestina rodeada de tanques, en los rostros de los supervivientes de un terremoto en Marruecos…. Son las fotos que más cuesta hacer, a pesar de los kilómetros recorridos, pero también las más necesarias. Porque merecen el esfuerzo de evitar que miremos para otro lado. Y porque aún hoy sigo siendo de los que piensan que una foto, una buena foto, puede cambiar el mundo.
 
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