| Paracaidismo extremo: crúzate el Estrecho de Gibraltar |
| Redacción | |
| 23/junio/2005 | |
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Dentro de los deportes que nos suelen gustar en la revista, recogemos esta noticia de paracaidismo. Álvaro Bultó, Santi Corella y Toni López, del equipo Red Bull, se acaban de cruzar el Estrecho de Gibraltar en caida libre de paracaidas. Un vuelo desde África a España. Si crees que el hombre no puede volar, deberías leer la información que nos proporciona el Equipo Red Bull primero. Los paracaidistas del Red Bull “Skydive Empuriabrava” Santi Corella y Toni López y el deportista de aventura Álvaro Bultó han logrado su reto de cruzar el Estrecho de Gibraltar en caída libre con ayuda de un mono de alas. Los tres saltadores han conseguido cubrir los 14.8 km. de distancia que separan las costas de Marruecos y la playa de Getares, en Algeciras. A las 9.30 de hoy jueves 23 saltaban a 35.000 pies de altura sobre las costas africanas, aterrizando minutos después en las playas situadas frente al Peñón de Gibraltar. Finalmente, han conseguido unir las costas de ambos continentes el tercero de los cuatro días que tenían programados para el reto. “Dependíamos de las condiciones atmosféricas para lograrlo”, explica Toni López, “ya que no podíamos saltar con viento de cara, porque sería como nadar contra corriente. Hoy hemos tenido suerte con la climatología y los vientos y hemos podido completar el salto. Algo que empezábamos a ver difícil, ya que las previsiones para toda esta semana eran tan malas que lo veíamos realmente complicado”. Los tres saltadores se han visto obligados a cambiar sus planes iniciales de aterrizar en Tarifa a favor de Algeciras, para poder aprovechar los vientos de cola.El C-130 Hércules del Ejército del Aire despegaba a las 6.15 de la Base Aérea de Morón de la Frontera, rumbo a Marruecos. Una vez allí, comienza la fase de ascenso hasta los 35.000 pies. A esa altura, situada ya en la estratosfera, son imprescindibles sistemas de respiración auxiliar. “Hemos recibido mucha formación por parte del Ejército para dominar perfectamente los equipos de oxígeno, incluyendo estancias en una cámara hipobárica para reducir el riesgo de hipoxia durante la caída (déficit de oxígeno en el organismo que puede llevar a perder el conocimiento)”, precisa Santi Corella. Pero un problema durante la fase de respiración previa ha estado a punto de abortar la misión. “Hemos tenido que reemprender toda la adaptación a la respiración auxiliar desde el principio, retrasando el salto una hora y acrecentando los nervios por el miedo a que se abortase todo”, comenta Álvaro Bultó. Una vez resueltos estos problemas, el salto se ha producido a las 9.30. “Lo primero que hemos sentido ha sido una bofetada de frío, algo que ya esperábamos, porque a esa altitud la temperatura era de -50º, y llega hasta -70º con el factor del viento”, cuenta Toni López. Para contrarrestarlo, contaban con cuatro capas de ropa desarrollada especialmente para este proyecto. Con todo, al aterrizar todos presentaban leves síntomas de congelación en sus caras. “Al principio, nos hemos sentido un tanto descolocados. Nunca habíamos saltado a tanta altura, y entre las partículas de hielo en suspensión y la niebla, apenas teníamos visión de las costas de Marruecos”, explica Santi Corella. Un factor vital, porque al llevar los brazos completamente estirados, no pueden consultar ningún GPS en vuelo y han de recurrir a referencias visuales para orientarse. “Además, hemos sentido cierto nerviosismo, porque a tanta altura, no teníamos sensación de velocidad, de avanzar respecto al suelo”, indica Álvaro Bultó. Sin embargo, pronto han conseguido la tensión necesaria para sacar todo el rendimiento aerodinámico al traje. “Ha sido una tensión y concentración enorme. Sólo hemos conseguido relajarnos cuando llegábamos a la Bahía de Algeciras. Por la euforia de saber que habíamos logrado el reto, pero también por la seguridad de dejar atrás el agua. Si no hubiésemos alcanzado tierra, el rescate con los 20 kg. de material que llevamos es realmente complicado”, explica ya más relajado Toni López. “Es como si todavía no lo hubiésemos digerido”, confiesa Álvaro Bultó. “Han sido tres años de duro entrenamiento para este reto, y aún nos parece algo irreal. De verdad ha sido cumplir un sueño”. Un sueño que todos hemos sentido alguna vez: el viejo sueño de volar. Mono con alas: un traje a medida El mono de alas es casi tan antiguo como el paracaidismo deportivo. Tuvo un primer desarrollo entre los años 30 y 50, coincidiendo con la aparición de los primeros espectáculos aéreos en EE.UU. Pero 70 de los 72 pioneros murieron en el transcurso de alguna exhibición aérea en esos años. Por su peligrosidad, esta disciplina cayó en el olvido hasta que en los 80 Patrick de Gallardon, innovador paracaidista francés responsable también del skysurf (caída libre amarrado a una tabla similar a las de surf), adaptó los monos a las tecnologías modernas. Fabricó alas que unían brazos y piernas con las técnicas de entrada de aire propias del paracaídas. Avanzó notablemente, pero también murió probando su invento. “Hace años, coincidí en un simposio con un joven finlandés que quería continuar el trabajo desde donde Patrick lo dejó” cuenta Santi. “Colaboraba con una universidad, desarrollándolo en el túnel del viento para conseguir saltar con garantías”. Desde entonces, los tres saltadores han estado probando cada prototipo del traje, hasta llegar a esta cuarta generación que han empleado en su aventura. Los trajes actuales tienen una membrana que une brazos y piernas y consigue minimizar notablemente la caída. Mientras que en un salto normal la velocidad de caída suele rondar los 200 km/h, y en el mejor de los casos se alcanza una velocidad horizontal aproximada de 30 km/h, el mono con alas reduce la velocidad de caída a 60 km/h, y permite avanzar horizontalmente a un promedio de 170 km/h., alcanzándose incluso velocidades de hasta 257 km/h. “Hemos vivido desde dentro el desarrollo de los monos”, explica Santi Corella. “Nadie nos ha dado consejos, ya que no nos hemos podido basar en las experiencias de otros. Hemos ido probando, analizando nuestros rendimientos, descubriendo fallos y mejorando”. La técnica de vuelo también difiere mucho del paracaidismo tradicional. “Una vez que saltamos desde la puerta trasera del Hércules, tenemos que adoptar la posición de vuelo y tratar de mantenernos rígidos y en tensión para lograr el máximo rendimiento”, indica Álvaro Bultó. Algo tremendamente agotador, ya que la duración de sus saltos ronda los 7 minutos, mientras que un saltador normal apenas supera el minuto en caída libre. Las sensaciones también son completamente distintas. “En vez de caer, tienes la percepción de que verdaderamente estás volando. Sobre todo si juegas entre nubes rotas o te animas con algunas maniobras acrobáticas, como si fueses un pájaro”, describe Santi Corella. “Parece mentira que después de tanto tiempo practicando este deporte, todavía puedan descubrirse sensaciones nuevas y de tanta intensidad, tan cercanas a lo que hemos perseguido siempre: volar…” Saltadores Alvaro Bultó (Barcelona, 1962) Deportista multiaventura Campeón España Motocross Campeón España de Rallies Campeón del Mundo de Maratón de Ríos Santi Corella (Calatayud, 1962) Saltador profesional 10 años en el Equipo Nacional Español de caída libre 17 títulos de Campeón Nacional Participante en 3 récord del mundo y 2 récord Guiness Toni López (Sidi-Ifni, 1964) Saltador profesional 10 años en el Equipo Nacional Español de caída libre 17 títulos de Campeón Nacional Participante en 2 récord del mundo y 1 récord Guiness Nota de prensa e imágenes proporcionadas por Red Bull |