14/octubre/2008
Jazzaldia 2006, 41º Festival de Jazz de San Sebastián
Fernando Cerecedo Pastor   
07/agosto/2006
Jazzaldia
En el último párrafo del artículo que escribí el año pasado referente al Jazzaldia, apuntaba la dificultad que iba a tener la organización para superar los números alcanzados en la edición de su 40º aniversario. En esta ocasión, comienzo haciéndome eco de los sobresalientes resultados en cuanto al número de espectadores durante los seis días de festival.

113.500 en el cómputo total de entradas vendidas en los escenarios del auditorio del Kursaal y la Plaza Trinidad, más las estimaciones realizadas en los cuarenta conciertos gratuitos desarrollados en la playa de la Zurriola y las terrazas del Kursaal. También comentaba en ese último párrafo la dificultad de confeccionar un programa equilibrado que siga dando sentido al nombre del festival y que a la vez sea capaz de convocar a un elevado número de espectadores. De esto último iré comentando mis impresiones a lo largo del día a día del festival.

Viernes, 21 de Julio.

Joachim KuhmLlegaba a última hora de la tarde a San Sebastián, un poco apurado de tiempo, y con ganas de empezar a escuchar Jazz desde el primer momento, deseando encontrarme con sorpresas musicales que me sigan abriendo la mente en esta música multidireccional, y también anhelando que la expansión del programa hacia otros géneros musicales excesivamente alejados del Jazz no me sacara mucho de mis casillas. Para ello, me había confeccionado mi propio programa de actividades, con esos valores seguros que sabes de antemano que no defraudan, junto con otros posibles candidatos a esa sorpresa a la que antes aludía. Mi primera cita estaba en las terrazas del Kursaal con el “Iberia Trío” del pianista alemán Joachim Kühn, acompañado por el contrabajista Baldo Martínez y el baterista Ramón López, y la verdad es que no podía haber comenzado mejor mi periplo por el Jazzaldia: un concierto cargado de energía, en esa onda free jazz de la que Kühn es uno de sus máximos exponentes europeos. A destacar especialmente la labor de Ramón López, del que me habían llegado muy buenos comentarios y que era la primera vez que tenía la ocasión de ver en directo.

Tras el excelente concierto del “Iberia Trío”, tocaba el momento de comer un poco para reponer fuerzas. A continuación, y en el mismo escenario, la próxima cita era con “Mirall Quartet”. El joven cuarteto demostró un excelente buen hacer, destacando especialmente el pianista Jonathan Hurtado y el saxofonista José Gallardo, en unos solos cargados de lirismo e introspección el primero y de energía el segundo. A lo largo de una docena de temas originales, disfrutamos de un excelente concierto, demostrando que hay excelentes mimbres para pensar en un futuro prometedor para esta música en nuestro país (si les dejan, claro).

Para concluir la primera jornada, nada mejor que acabar en el Club Altxerri, al que llegué para el segundo pase del concierto que ofrecía el saxofonista Mikel Andueza con su proyecto “Superquintet”. Escuchamos distintas composiciones incluidas en su último disco, “De Javier a San Javier”, acompañado por Iñaki Rodríguez al saxo tenor, Iñaki Salvador al piano, el contrabajo de Gonzalo Tejada y David Gómez a la batería. Una excelente forma de acabar el día, con reencuentro con amigos incluido.

Sábado, 22 de Julio.

Pintxo VillarLa primera parte de la tarde la repartí entre dos conciertos que se celebraban simultáneamente en las terrazas del Kursaal. Comencé con la actuación de “The Crimson Jazz Trio”, un proyecto del que fuera baterista a comienzos de los ‘70 de la legendaria banda de Rock, Ian Wallace, y que revisaba, en clave de Jazz, temas de dicha formación. El resultado final no me convenció mucho, y, aunque no soy un gran conocedor de la música de King Crimson, pienso que ésta podría dar mucho más de sí. Me dirigí pues a escuchar parte de la actuación de “Teresa Zabalza Quintet”. Sobre composiciones de la propia pianista y del guitarrista Alejandro Mingot, dieron un buen concierto, en el que el protagonismo recayó principalmente en el trabajo del guitarrista y del saxofonista “Pintxo” Villar.

Comenzaban los conciertos en la Plaza Trinidad, y los encargados de la “inauguración” eran de nuevo el “Iberia trío” que contaba par la ocasión con la colaboración del clarinetista Louis Sclavis. El concierto era un recuerdo a la memoria de Ebbe Traberg, escritor y diplomático danés, profundo amante y conocedor de esta música sobre la que nos dejó, ente otras muchas cosas, una buena colección de artículos que publicó en la revista “Scherzo”. La actuación se  desarrolló sobre la base de lo ya escuchado en la jornada anterior, en la que Louis Sclavis fue un elemento más sobre la que sustentar ese discurso ya perfectamente engranado entre Kühn, Martínez y López. Quizás el propio escenario les restó parte de la fuerza que demostraron el día anterior, pero ni un ápice de profundidad en su mensaje.

La segunda parte del programa estaba protagonizada por McCoy Tyner. Poco se puede decir ya de este pianista, al que permanentemente se le asocia con el célebre cuarteto de Coltrane, pero cuya extensa carrera tiene otros episodios de importancia capital para la historia del Jazz.  McCoy TynerSe presentaba para la ocasión en septeto, rememorando la historia del sello “Impulse!” que durante quince años acogió las grabaciones de músicos como Charles Mingus, Pharoah Sanders, John Coltrane y el propio Tyner. A su ya habitual sección rítmica con Charnet Moffett al contrabajo y Eric Gravatt a la batería, se unía la sección de vientos formada por Eric Alexander (saxo tenor), Donald Harrison (saxo alto), Steve Turre (trombón) y Wallace Roney (trompeta).

Salió al escenario McCoy Tyner, y lo primero que nos sorprendió a todos fue su extrema delgadez. Una vez al piano, Tyner nos trasladó rápidamente cuarenta años atrás, con temas como “Angelina” o “For all we know”. Comenzó a trío, y así discurrió gran parte del concierto, ya que hasta tres veces (la última ya con un cierto cachondeo por su parte) la sección de vientos se retiró del escenario tras su salida al frente, cuando Mr Tyner decidía quedarse en esta formación tras la introducción a sus temas. En los que participaron, tanto los arreglos como sus intervenciones trajeron también el aroma de aquella época gloriosa del jazz, con un precioso guiño por parte de Wallace Roney a la trompeta de Miles Davis en el tema que ofrecieron como bis.

Posiblemente, esta primera jornada de la Trinidad fue la de más calado jazzístico de todo el festival. No puedo dejar pasar por alto parte de lo comentado por McCoy Tyner en la rueda de prensa y que recoge el sentir de muchos aficionados: «Dentro del jazz hay muchas categorías, y bajo esa etiqueta se meten muchas cosas con diferentes influencias. Pero lo importante es conocer la esencia del jazz, que se mantenga su carácter y no se convierta en otra cosa».

Aprovechando el enorme retraso con el que comenzó el concierto de Erikah Badu (dentro de una organización que mantiene un escrupuloso horario, con la dificultad que ello conlleva) pudimos llegar a tiempo al auditorio del Kursaal para hacer unas fotos y escuchar el par de temas iniciales al que los fotógrafos tenemos acceso. La presencia de unos amigos míos a la actuación me dieron cumplida información de un concierto que fue de más a menos, con un principio arrollador (al menos tuve la fortuna de presenciar lo mejor) y una parte final en el que la parte espectáculo se comió a la musical, con la Badu ejerciendo de megaestrella entre el público al que se acercó micrófono en mano a darse un baño de multitudes en un espacio poco propicio para ello. Mientras esto último sucedía, yo me había dirigido hacia la playa para ver la última parte de la actuación de “Jazz Jamaica”, una divertida fiesta en la Zurriola de aires jazzy con ritmos jamaicanos. Mucho baile y buen rollito para el fin del día.

Domingo, 23 de Julio.

La jornada del domingo comenzaba con la profunda revisión de la música de Bach a cargo del trío del pianista Jacques Loussier. A sus 71 años, y tras la reedición de las grabaciones de esa música que hiciera en los años ’60, Loussier demostró estar en plena forma ofreciendo, lo que después me comentaron alguno de los asistentes, un excelente concierto.

Chano DomínguezLa decepción llegaba poco más tarde: el esperado concierto del guitarrsita Biréli Lagréne se había tenido que suspender por enfermedad, y el numeroso público que se había acercado al lugar del concierto no podía ocultar su frustración. Confiemos en que el año que viene Lagréne pueda tener un hueco en la programación.

La doble sesión de la Trinidad la abría el gaditano Chano Domínguez al frente de su “New flamenco sound”. Apoyado en una sección rítmica sobresaliente (Mario Rossy, Marc Miralta y “El Piraña”), y los vientos del saxofonista Llibert Fortuny y el trompetista Julián Sánchez, el punto flamenco lo ponían Blas Córdoba y “Tomasito”. Más jazz que flamenco pudimos escuchar a lo largo de la actuación, donde esto último a veces aparecía de una forma un poco forzada. La guitarra de Jordi Bonell, daba un punto de dureza (excesivo en ocasiones) a los temas, mientras que Marina Albero, destacó especialmente con el salterio (ocupándose también de crear distintas atmósferas con los teclados y el vibráfono) Bulerías, soleás y tangos sonaron en la Trinidad, al estilo Chano por supuesto, que se mostró encantado de actuar de nuevo en el festival donostiarra.

Como de fusiones iba la noche, a continuación apareció en el escenario Béla Fleck. Junto a él, sus incondicionales Victor Wooten, Jeff Coffin y Future Man, dieron un concierto divertido pero demasiado predecible para quien haya presenciado ya algún concierto suyo. La maestría de Fleck con el banjo es indudable, así como la de sus compañeros, pero este concierto me habría pegado más en la playa, para que los incondicionales de la banda pudieran haber bailado y vitoreado a sus ídolos a sus anchas, en vez de la rigidez de las sillas de la Trinidad, que invita más a la escucha y el sosiego (aunque alguno se saltó esta rigidez a la torera)

Jaume LlombartLa coincidencia de conciertos me impidió asistir al que Uri Caine, al frente de su “Bedrock Trio”, ofrecía de forma paralela en las terrazas del Kursaal. Una lástima porque tenía muchas ganas de ver esta aventura musical de Caine, que no suele defraudar. Otra vez será.

Para finalizar el día, de nuevo tenía cita en Altxerri, en esta ocasión con “Jon Robles & Jaime Llombart + Among 3”, que ya en la jornada anterior había podido escuchar en el final de su actuación y que en esta ocasión quería disfrutar durante más tiempo. Un muy buen concierto el que pudimos disfrutar los que allí estuvimos, donde al saxofonista y al guitarrista, acompañaban el interesante pianista Roger Mas, el contrabajista Bori Alberó y el enérgico baterista Juanma Nieto. Temas propios y revisión “sui generis” de standards que fueron desgranando hasta avanzadas horas de la noche, en un buen ambiente que les hizo disfrutar a ellos y a nosotros.

Lunes, 24 de Julio.

Comenzaba la jornada en el auditorio del Kursaal, con el “Mozart Project” del pianista Uri Caine. Al frente de una banda de siete músicos (o seis más un Dj), Caine presentaba su personalísima visión de la música de Mozart (algo que ya ha hecho en otras ocasiones con Mahler, Schuman o Bach, por citar sólo tres ejemplos). Lo que pudimos escuchar durante la sesión de fotos se antojaba más que interesante, y nos quedamos con la miel en los labios (o, en este caso, en los oídos)

Posteriormente me dirigí a uno de los escenarios de las terrazas: mi debilidad por los tríos de órgano+guitarra me “obligaba” a escuchar a “Elkano Browing Cream”, pero su propuesta no acabó de gustarme. Demasiado groove y poca “chicha”, con unos desarrollos en los solos excesivamente planos para mi gusto. Debo estar haciéndome mayor.

La doble sesión en la Trinidad comenzaba con el músico camerunés Richard Bona. Dotado de una preciosa voz, nos ofreció un buen puñado de temas cargados de sensibilidad y buen gusto. Era su tercera (si no me equivoco) participación en el festival y no defraudó.

Herbie HancockCerraba sesión uno de los platos fuertes del festival: unas horas antes había recibido el premio “Donostiako Jazzaldia” de este año, y con claras muestras de alegría y agradecimiento se presentó Herbie Hancock en el escenario. Junto a él, una remozada e inusual banda, con el guitarrista Lionel Loueke, la violinista Lili Haydn, el batería Richie Barshay y el rocoso bajista Matt Garrison (de casta le viene al galgo). La primera parte del concierto mostró las nuevas inquietudes de este gran músico: parapetado tras un teclado y un piano, y con “artefactos digitales” varios a sus espaldas, ejercía de maestro de ceremonias dentro de una nube de sonidos hiperprocesados que salían tanto de su teclado, como de la guitarra y el violín de sus acompañantes. Dejó espacio también en esta primera parte para el protagonismo de Loueke y de Haydn, en dos temas en los que demostraron su capacidad como cantantes.

Tras ese comienzo que descolocó un poco al público, y que a mí me tenía expectante, Hancock cambió el tercio y se dio un homenaje, interpretando una serie de standards, SUS standards. Sonaron entre otros “Maiden Voyage”, “Cantaloupe Island” o “Chameleon”, un fin de fiesta en plan “revival”, con la que el público volvió a su sitio y disfrutó a sus anchas. Me hubiera gustado escuchar algo más de ese “nuevo Herbie Hancock” y me quedé con ganas de más, aunque yo también disfruté lo mío.

Martes, 25 de Julio.

Ralph TownerComenzábamos temprano, a las 12:30 del mediodía, y en el museo “Chillida Leku”, que por segunda vez consecutiva acogía uno de los conciertos del festival. Era curioso observar las caras de sorpresa de los visitantes cuando descubría, nada más entrar al recinto, que un inesperado concierto se les añadía a la ya de por sí atractiva oferta del museo. Y si espectacular es el espacio elegido para este inusual concierto, no le fue a la zaga el concierto que ofreció el cuarteto “Oregon”. Tras 35 años de actividad, Ralph Towner (guitarra y piano), Paul McCandless (vientos), Glenn Moore (contrabajo) y Mark Walter (batería y percusión) no han perdido un ápice de creatividad. Un fantástico concierto, el que más me ha gustado de lo que he podido ver en este festival, cargado de fuerza y delicadeza a partes iguales.

Glen MoorePaul McCandless
Glen Moore y Paul McCandless, integrantes de Oregon

La noche de la Trinidad estaba reservada a las Big Bands, aunque en este caso no se trataran de bandas al uso. Abría el fuego el joven saxofonista Llibert Fortuny, al que ya habíamos visto unos días atrás con Chano Domínguez, y que en esta ocasión se presentaba al mando de uno de sus proyectos. El concierto me dejó un tanto descolocado, ya que se me asemejó demasiado a su Electric Quartet, con el apoyo en algunas fases de la actuación, de la gran sección de vientos (de hecho, hubo muchos momentos en los que estuvieron de espectadores de lujo) El protagonismo recayó en el propio Fortuny y el guitarrista David Soler, que se encargó también de la parte electrónica en determinadas fases.

La segunda Big Band la lideraba Matthew Herbert, que ya había estado la noche anterior ejerciendo de Dj en la playa de la Zurriola. Yo me preguntaba que haría un Dj metido entre tanto viento, y la verdad es que el concierto resultó divertido y sorprendente. A través de un par de “chaos pad”, un sampler, y varios teclados, Herbert fue creando música con un poco de todo: una copa de vino, un periódico, un globo… mientras una potente Big Band tocaba desaforadamente. Pero caos el justo: todo estaba perfectamente medido y programado, y mientras Herbert iba “jugueteando” con sus cacharros, la banda moldeaba intensidades, y creaba ese soporte para las locuras de su líder. Al menos, nadie salió indiferente tras ambos conciertos, que no es poco.

Acudíamos a la última cita de Altxerri, en la que Iñaki Salvador ofrecía un concierto a trío, acompañado por Horacio García al contrabajo y Juanma Urriza a la batería. El pianista recordó, a través de distintos temas suyos, a Bill Evans, Keith Jarrett, Herbie Hancock, en un homenaje que no deja de tener sus riesgos y del que, como no podía ser de otra forma, salió más que airoso, al tiempo que intercaló algunas de sus composiciones. Un buen concierto para este fin de programa en Altxerri.

Miércoles, 26 de Julio.

Solomon BurkeÚltimo día de festival, y uno ya no está para muchos trotes. Así que a dosificar fuerzas. Me acerqué por la tarde a escuchar a “Mr Bop”, un joven quinteto surgido de ente los alumnos de Musikene, y que dieron un buen concierto, alternando temas propios con algún que otro standard (un delicioso “Interplay” pudimos escuchar entre ellos)

La Trinidad retiraba las sillas y se vestía de fiesta final, con la actuación de Solomon Burke (rosas rojas, para “Ladies only”, como le recordó a algún que otro gachó que se acercó a por el presente, incluidas) y “The Neville Brothers”. Bailoteo vario para la última jornada.

La traca final la quemaba de nuevo Matthew Herbert, con una “Small Band” con la que inundó las terrazas del Kursaal de su particular locura. La vocalista Valerie Etienne, con más presencia que en la noche anterior, fue el contrapunto al despliegue electrónico de Herbert, que celebró su particular “fiesta de pijamas”.

Seis días de festival, y todo se acaba. En esta ocasión cerraré el artículo elogiando el perfecto funcionamiento de todo este gran tinglado. Que alrededor de 70 conciertos que forman la programación comiencen a su hora con extrema puntualidad (dejando al margen lo sucedido con Erikah Badu) no deja de sorprenderme. Dentro de un año, nos volvemos a ver.

Ramón López
Ramón López, baterista de Joachim Kuhn

José Gallardo
José Gallardo, integrante de Mirall Quartet


Wallace Roney
Wallace Roney, trompeta junto a McCoy Tyner


Lionel LouekeMatt Garrison
Lionel Loueke y Matt Garrison, guitarra y bajo junto a Herbie Hancock

Llibert Fortuny
Llibert Fortuny

Valerie Etienne
Valerie Etienne

Bela Fleck
Bela Fleck, virtuoso del banjo

Iñaki Rodríguez
Iñaki Rodriguez


Richard Bona
Richard Bona


Fernando Cerecedo es, además de un excelente guitarrista de jazz, un reputado fotógrafo y redactor, que plasma en cada una de sus imágenes la esencia de la música. Como colaborador de Qatro.net, ha escrito y fotografíado en los últimos tiempos sobre los mejores festivales de Jazz de este país. Podéis disfrutar con una muestra de su trabajo como fotógrafo en la JazzSeries
 
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