07/enero/2009
fotoencuentros 07. Actividades para el viernes 12 de enero de 2007
Redacción Murcia   
11/enero/2007
13 h. Sala Puertas de Castilla. Murcia. Inauguración de la exposición “Historiae naturalis: taxidermias”, de Luis Castelo. Sección oficial
De 16,30 a 19,30 h. Centro Cultural Las Claras. Murcia. Taller. “Recursos plásticos del escáner plano: digitografía”, impartido por Luis Castelo. Previa inscripción
20 h. Centro Cultural Las Claras. Murcia. Conferencia. “Una mirada al mundo” Cristóbal Hara
El autor
Luis Castelo
(Barruelo de Santullán, Palencia, 1961). Cuando sólo tenía un año sus padres lo trasladaron a Madrid, donde vive actualmente. Se interesó por la naturaleza desde su infancia. Su padre, taxidermista de profesión y cazador de afición, le pone en contacto con el campo y los animales. Así entablará relación con los que serán más tarde notables biólogos, que le encargarán capturas de especímenes diversos para sus investigaciones en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Aquello le permitió conocer desde muy temprana edad animales poco conocidos por otros niños de ciudad: lagartos ocelados, tritones, serpientes, eslizones o ranas de San Antonio.
Es doctor en Bellas Artes y profesor de fotografía en esa facultad de la Universidad Complutense de Madrid, donde forma parte de un grupo de investigación denominado Arte, Ciencia y Naturaleza, en el que participa y codirige proyectos de investigación. Se dedica profesional y artísticamente a la fotografía.
Escribe artículos y libros especializados, entre los que destacan La fotografía, Historia de la fotografía y Del ruido al arte: una interpretación de los usos no normativos del lenguaje fotográfico.
También imparte conferencias y talleres en centros como las universidades Complutense y Autónoma de Madrid, de Castilla-La Mancha, Miguel Hernández (Elche, Alicante), École National Superiéure de la Photographie d’Arles (Francia), y en eventos como fotoencuentros o la Semana de la Ciencia de la Comunidad de Madrid, entre otros.

La exposición
Historiae naturalis: taxidermias
Nuestra vinculación con el mundo animal es evidente. A pesar de un abandono paulatino durante el pasado siglo XX, estamos asistiendo a un reencuentro necesario con nuestros más remotos vínculos. Los animales han sido desde tiempos antiguos el símbolo y epifanía de las diferentes divinidades, de nuestros miedos y de nuestros deseos. Bestias terrestres, seres híbridos, animales fantásticos han encarnado la ambivalencia entre el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, el oscuro mundo subterráneo y la luz. Pueblos como los persas, egipcios, griegos y romanos nos aportan toda una iconografía de animales en donde se exaltan los diferentes valores o simbologías de éstos: leones, toros, serpientes, o bien animales fantásticos como hidras, medusas o sirenas llegan hasta nuestros días como parte de nuestro bagaje cultural. El cristianismo durante la Edad Media se encargó de modificar los significados originales de estas representaciones para asignarle unos nuevos de carácter moralizante y justificado por la omnipresencia o pensamiento único de la fe cristiana. Los bestiarios medievales sobrevivieron incluso a periodos menos supersticiosos gracias a leyendas y diversos relatos fantásticos de los pocos viajeros que lograron llegar de tierras remotas. Animales como rinocerontes o jirafas son auténticos seres fantásticos para los europeos del siglo XVI, quizá de ahí la expectación que llegó a causar unos de los pocos rinocerontes llegados a Europa en el año 1515, regalo del sultán Muzafar II de Gujarat al rey Emmanuel I de Portugal. Al parecer el animal murió ahogado al desembarcarlo, pero, a pesar de no estar muy claro cómo, parece que llegó a Durero un dibujo del mismo que utilizó para realizar su famoso grabado.
Tendremos que esperar hasta el siglo XIX y su cientificismo para poder explicar la presencia de animales de los que hasta entonces sólo se había oído hablar a través de leyendas y cuentos. La necesidad de los científicos y naturalistas de la época por explicar el mundo nos hizo llegar una ingente representación de animales de las lejanas colonias de ultramar. Las expediciones científicas están en pleno apogeo, se favorece la catalogación y búsqueda no sólo de tierras ignotas sino de su fauna y su flora. A través de los tratados de zoología y los cuadernos de naturalista podemos descubrir dibujos y láminas de seres del todo fantásticos, algunos incluso más que aquellos relatados en las leyendas o plasmados en los capiteles de las iglesias románicas.
La necesidad de mostrar los nuevos especimenes llevó al desarrollo de técnicas de conservación, muchas de ellas ya conocidas en el siglo XVIII,  como el secado de plantas por prensado, en el caso de los herbarios, y la utilización de productos químicos en los que los animales capturados podían conservarse indefinidamente (alcoholes, formoles, etc.). Pero la técnica que más calado tuvo entre el público que visitaba los primeros museos de historia natural fue sin duda la taxidermia, que consiste en la eliminación de las partes blandas del animal y su sustitución por rellenos de diferentes materiales y productos para evitar su descomposición; pero lo más llamativo sería la posterior colocación del animal así preparado para devolverle la apariencia de vida.
La taxidermia como método de preservación en el tiempo de animales muertos tiene una doble lectura: por un lado, la paralización del tiempo que va degradando a todos los seres vivos, y por lo tanto, de la muerte, y, por otro, la simbología que acompaña a esta actividad. Embalsamar la vida, qué paradoja. Al igual que en los bodegones holandeses o españoles del siglo XVIII, estas naturalezas inmóviles se convierten en un pretexto para hablar de las vanitas, para representar animales que suelen ser objetos de repulsión o simplemente desconocidos y convertirlos en animales preciosos, aunque inusuales a los ojos de los espectadores, dignos de pertenecer a la colección de un museo.
El embalsamamiento tiene una estrecha relación con la fotografía, que, del mismo modo, embalsama el tiempo, la vida, en un instante para siempre. El intento de ofrecer un atisbo de vida en la muerte, congelando poses o gestos, vincula íntima y necesariamente la taxidermia con la fotografía. La fotografía embalsamadora plasma seres naturalizados con un doble efecto: dejar en suspenso la muerte a través de la mirada de lo fotografiado y conseguir una visión eterna de las vidas efímeras de los seres vivos a través de la representación de naturalezas muertas, al fin y al cabo, vanitas.
Luis Castelo
 
El taller
Recursos plásticos del escáner plano: digitografía
Desde los orígenes de la fotografía, el fotograma se empleó como medio para la obtención de imágenes por contacto directo entre el objeto y el soporte fotosensible. En la actualidad, y como consecuencia de la aparición de las tecnologías digitales, nos encontramos con un instrumento, el escáner plano, con el que podemos realizar fotogramas digitales: digitogramas. Nuestra intención es hacer un uso no convencional, como es la digitalización de objetos tridimensionales. De este modo, y con una herramienta muy económica, se pueden obtener imágenes digitales de gran calidad, muy por encima de la de las obtenidas con las cámaras digitales. Lo que pretendemos en este taller es dar a conocer las posibilidades creativas del escáner, así como su utilización con fines docentes y artísticos en la realización, entre otras cosas, de herbarios y bestiarios digitales.

El conferenciante
Cristóbal Hara
(Madrid, 1946). Empieza a fotografiar con 23 años, pero encuentra su camino en esta disciplina a los 39. Quería ser fotoperiodista, pero su interés no era tanto por los temas como por el propio lenguaje fotográfico, lo que le lleva a una crisis que se resuelve en el momento en el que empieza a utilizar el color, en 1985. Sus primeras fotografías, en blanco y negro, fueron realizadas con una clara voluntad documentalista en la mejor tradición del instante decisivo bressoniano.
Desde que empieza a utilizar el color evoluciona en una dirección en la que las fronteras entre realidad y ficción dejan de ser nítidas. Participó en Arco en 1989. Entre sus trabajos, que han dado lugar a exposiciones (España, Reino Unido, Países Bajos, Estados Unidos, Alemania y Francia) y libros, sobresalen Lances de aldea (1992), sobre el toreo rural en España a través de sus amigos los maletillas; Vanitas (1999), producto de sus muchos viajes por España, donde se encontró a menudo con imágenes similares a las que acompañan a cultos sincréticos y semisecretos como el vudú de Haití, la santería cubana o el candomblé y la ubanda de Brasil. Este trabajo recibió el premio internacional al mejor libro de fotografía en PhotoEspaña 1999. Sus últimos libro publicados son An Imaginary Spaniard (Steidl, 2004), que recoge fotografías tomadas en España entre 1985 y 2002, y Contranatura, de 2006.

La conferencia
La actual mirada sobre la naturaleza tiene otras derivas: grandes catástrofes naturales, accidentes nucleares, vertidos químicos, esquilmación de los bosques, incendios, glaciares que se derriten, gripe aviar, ballenas suicidas, ..., devastación, en resumen. La mirada de Cristóbal Hara se vuelve contra natura para fijar la nuestra en los muros de piedra o adobe, en los perros vagando por las calles desiertas, en los ojos de pez de los caballos, en el trasplante de arbolitos de la factoría Disney al desierto castellano, en el desembarco de instalaciones de arte contemporáneo en la desierta plaza del pueblo, en el chalecito de pizarra con vistas al silo y al barbecho, en el sentido del humor, en la ironía visual en las personas, animales y cosas del imposible siglo XXI que han de ver nuestros ojos. Nada como las actuales imágenes de Cristóbal Hara nos devuelve un presente tan incomprensible si lo comparamos con las imágenes que el galáctico telediario nos sirve. Si Cristóbal Hara nunca ha tenido prisa -contra natura de nuestro tiempo- se lo vamos a apuntar a un plus de inteligencia natural, a un talento igualmente innato que le hace seguir acompasando la vida y el trabajo al ritmo natural de las olas en la playa.
 
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