25/julio/2008
fotoencuentros 07. Actividades para el lunes 15 de enero de 2007
Redacción Murcia   
12/enero/2007

20 h. Galería Biselarte. Cartagena. Inauguración exposición "Selva,S.A.", de Juan Ramón Puyol.

20 h. Galería Bambara. Cartagena. Inauguración exposición "Mil especies en vías de extinción sobre fondo de golondrinas", de Eduardo Cortils.

Selva, S.A. Biselarte

El autor
Juan Ramón Puyol (Ciudad de México, 1961)
Redactor gráfico de Diario 16 desde 1982 y jefe de fotografía en el
mismo periódico desde 1995. Editor gráfico de la Agencia Cover desde
1997 y de La Razón desde 1998. En 1984 obtuvo el tercer premio Fotopres
de naturaleza de la Fundación La Caixa y el accésit en el certamen
nacional de fotografía 'Los jóvenes vistos por los jóvenes', del
Ministerio de Cultura. Desde 1985 colabora en distintas revistas y
publicaciones, como La luna de Madrid, Madrid me mata, Boogie, Cambio 16
o Foto profesional, así como con agencias de publicidad como Contrapunto
o GYM. En 1995 participa en la exposición colectiva itinerante por
España '16 años de fotoperiodismo', de Diario 16, en el Círculo de
Bellas Artes, Madrid. En 1996 logra el accésit del premio de pintura
Caja España, de León. En 1998 expone en PhotoEspaña y en 2005 realiza la
exposición y libro colectivo Universo Mestizo (Lunwerg), en el Círculo
de Bellas Artes de Madrid. En la actualidad compagina el periodismo y la
fotografía con la pintura.

La exposición
Son obras accidentadas e imprevisibles dadas las condiciones de trabajo:
oscuridad y fijado final que cambian sustancialmente su aspecto al
término del proceso.
Surgen de la penumbra amarilla del cuarto oscuro entrelazando pintura y
fotografía; mezclando lo real fotografiado (pies, manos, cubiertos,
pieles y texturas) con lo imprevisto (el ir y venir del pincel y sus
múltiples mezclas de revelador, fijador, luz y agua).

A la emoción de la imagen latente que aparece en la cubeta del revelador
se suma la magia de verla surgir al trazo del pincel. Este proceso se
puede prolongar en el cuarto oscuro durante días: el cuadro puede ser
tocado en cualquier momento hasta el día del fijado (juicio) final.
Juan Ramón Puyol


La deformación de la naturaleza es una de las grandes pasiones de la
humanidad. Aquí encontrarás variedades imposibles del reino animal.
Animales quintúpedos, bidimensionales, septúpedos, tricéfalos,
cubiertívoros y mutantes de todas las especies. Alguien ha llevado a
cabo una intervención genética. Encontrarás pieles y pelajes
intercambiados al azar, ovejas con pelo de jirafa, lagartos hechos de
elefante y perros de piel metálica. Una fauna  resultante de un cruce
obsceno de las especies. El nuevo Libro de la selva. El zoo que nos
tocará visitar a los que sobrevivamos a la próxima bomba atómica. El
arca de Noé será entonces una aeronave. Hay que estar ahí para contarlo.
Gonzalo Fernández Parrilla

Visitar el zoológico imaginario que ha fotografiado Juan Ramón Puyol.
Realmente me gustaría. Contemplar, con ojos de niño asombrado, el
desfile de animales casi mitológicos que ha capturado con su cámara.
Acariciar el lomo de una de esas criaturas para adivinar el tacto que se
esconde bajo su apariencia fingidamente natural.
Cuando recupero mi madurez, mi atención se centra en el virtuosismo y
sensibilidad técnica que han conseguido resultados que admiro. Más que
fotografiar, Juan Ramón Puyol pinta con su mirada. La creatividad con la
que se enfrenta a su trabajo no resulta de la utilización de un solo
material. Se recrea en las distintas posibilidades que le ofrecen todos
los campos de la plástica. ¿Es lo mismo fotografiar para crear que crear
para fotografiar? Posiblemente, y el debate es infinito, pero lo que
está claro es que para este artista las barreras no significan nada más
allá de lo que él mismo impone.
Observar esta serie que nos presenta puede resultar un ejercicio de
análisis para comprender hasta dónde llegan las fronteras de los estilos
y si tienen todavía sentido.
Tomás Verdugo


Mil especies en vías de extinción sobre fondo de golondrinas. Bambara

El autor
Eduardo Cortils
(San Pedro del Pinatar, Murcia, 1963). Su obra está presente en las
colecciones del MOMA y del MNCARS, y ha expuesto en Reino Unido,
Alemania (European Award Photography), Estados Unidos, Países Bajos,
Canadá, Francia (París Photo) y México, además de en España, donde
destacan sus muestras en MNCARS, MEAC, Fundación La Caixa y Círculo de
Bellas Artes de Madrid. Hasta ahora nunca había tratado en su obra al
animal como tema, quizá sí como contenido, porque pensaba que el drama
humano en auge de las últimas décadas es más importante, más urgente,
más cercano. Pero su aportación con Mil especies en vías de extinción
sobre fondo de golondrinas es, en sentido estricto, la conciencia de que
el origen del problema es el mismo, por lo que la forma de abordarlo no
puede ser diferente, es decir, producir una obra como constatación de la
destructiva relación del hombre con lo que le rodea, incluidos sus
semejantes.

La exposición

Delicados archivos de una catástrofe
Pretender un habitar armonioso puede desvelar la nostalgia del paraíso
perdido o el intento de construcción de un futuro mejor, sobre todo
cuando contemplamos la destrucción del paisaje conocido. Esta denuncia
puede cobrar diferentes formas; pensemos, por ejemplo, en Baltazar
Torres o en Eva Lootz, quienes han elaborado obras encaminadas a
concienciar y activar procesos que eviten la catástrofe de un entorno en
peligro.
En un mundo de naturalezas olvidadas y de falsos progresos, Eduardo
Cortils recoge preocupaciones ecológicas, volviendo a una práctica
archivística que cultivó en los años ochenta y que completa con ese tono
poético común en sus piezas, que juegan a apropiarse y recrear una
realidad que puede desaparecer, como denuncia la Lista Roja de Especies
Amenazadas de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), preocupada por
la biodiversidad, ya que más de 12.000 especies pueden extinguirse en
breve.
Esta alarmante enciclopedia que aumenta antes de ser completada y
defendida se manifiesta en la propia obra de Cortils como un particular
mal d'archive en el que, siguiendo o no a Derrida, todo se vuelve nueva
interpretación y un texto interminable a riesgo de caer en el abismo del
delirio cuantitativo, un desbordamiento de enumeraciones que no responde
más que a una situación sobrepasada. Ya no son las relaciones finitas de
un sistema dado, a lo Sol LeWitt, sino la macabra cifra que se vuelve
texto sobre fondo paisajístico. Es el elemento textual el que establece
un aire de familia con otras obras fotográficas en las que Cortils suele
unir la literatura de la vida al reflejo fotográfico de la misma,
simulacro que se vale de la fotografía, y no de otro medio, porque, aun
siendo tan subjetiva como cualquier otro lenguaje, funciona para el
espectador efectivamente como documento de la realidad, siendo la
palabra el testimonio de una pérdida, y ambos recursos, la unión de una
voluntad crítica.
No obstante, queda lejos el tono de series recientes como Paludes, donde
la lírica es un viaje en construcción, casi un maravilloso extravío.
Ahora no profundiza en la literatura del dolor, porque aquí el problema
no es la fractura entre el lenguaje y las cosas, sino más bien entre el
hombre, su devastadora e inconsciente forma de habitar, y la
naturaleza. Tampoco es un casi-objeto, las fotografías son del propio
Cortils y la dimensión escultórica no es necesaria en este caso, pero es
un gesto que captura la realidad, sin desaparecer esa idea de apropiación.
Palabras e imágenes elaboran el listado de un mundo en extinción,
situándose en la estela de la construcción de valores positivos en el
horizonte de lo deseable, como es el caso de la sostenibilidad. Aun así,
es una propuesta en la que predomina la estetización sobre el mensaje,
pero donde la estetización sirve para comunicar un concepto arraigado
tras una superficie que no es meramente decorativa, en una comunión de
estéticas y éticas, que parte de un dulce encanto para reivindicar la
pérdida de cientos de aves.
Esta obra, por tanto, es una invitación a pensar nuestro futuro y
nuestro entorno, haciéndose inevitable la reflexión sobre el tiempo,
porque se vive in tempore, esforzándose la cultura por superar esta
in-temperie en la visión de un paraíso que evite la catástrofe, para que
en este intento alguna conciencia despierte y no olvidemos la belleza de
un mundo de matices que debemos seguir conservando.
Pedro Medina
 
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