| Steve Vai en Lorca |
| Redacción | |
| 08/julio/2007 | |
![]() Ayer tuvimos la suerte de poder disfrutar de uno de los mejores guitarristas del mundo en Lorca. Steve Vai llegó, vió, y convenció a los más de mil espectadores que llenamos la Fortaleza del Sol. Es difícil ser imparcial en la crónica de un concierto cuando sabes que que la persona que tienes delante es única, irrepetible. Cuando ves lo que hace sobre el mástil, la perfección de sus movimientos, la pureza de su sonido (el "tono", que le gusta llamar al propio Steve), te das cuenta de que está a años luz de otros guitarristas. Una persona que con diecinueve años tocaba las mas irracionales partituras de Zappa está claro que ha de marcar un antes y un después en la historia de la guitarra. Steve Vai se ha ganado a pulso su puesto en el olimpo de la guitarra. Después de darle brillo y clase a gente como Whitesnake o David Lee Roth, poco a poco ha ido labrando su carrera en solitario. Sin prisas, sacando los discos cuando estaban realmente listos, y haciendo giras cuando tenía algo que mostrarnos.
Steve Vai aterrizó en Lorca dentro de su gira española, y el marco del concierto no podía ser mejor. El castillo de Lorca, la mítica Fortaleza del Sol, acogió entre sus piedras centenarias los solos de su guitarra. Al encanto del sitio se le unió una temperatura ideal, y unas copas a buen precio, que hicieron que las tres horas de concierto se pasasen en un suspiro. Arrancó puntualmente Steve Vai con su Ibanez Jem 20 aniversario iluminada, espectacular, como una antorcha iluminando el oscuro escenario. Él, ataviado con una especie de túnica, como dando a entender que su reino no es de este mundo. Desde el primer momento mucha caña, y buen rock. Perfección de ejecución, sonido cuidado al milímetro, y provocación, mucha provocación, juego con el público y pose. La esencia del rock en vivo. El concierto ha ido pasando por fases de rock enérgico, otras de virtuosismo, y otras de puro espectáculo y divertimento con el público. Un cocktel que ha hecho que le gustase a todo el mundo.
Y cunado todo estaba en su punto más álgido, con un público entregado y disfrutando, ocurre lo inesperado. No se sabe muy bien si la electricidad, o la electrónica de los amplificadores, pero el caso es que la guitarra acústica de Steve Vai y la batería electrónica de Jeremy Colson, que en ese momento estaba sobre el escenario con los tambores y platos rodeándole el cuerpo, dejan de sonar. Las tablas de Steve Vai se hacen notar, y juega con el público al despiste, cuenta algún chiste, pero al final tiene que abandonar el escenario. Su "nos vemos en un momento... espero" suena mal.
Reanudado el concierto, Steve sacudió el resto del repertorio con mas entrega si cabe. Para finalizar, empezó el primer bis con Liberty, y lo acabó con una versión del For the love of God, que Ann Marie se encargó de iniciar al violín, y que puso los pelos como escarpias a los presentes. El final, inenarrable. Steve jugó con el público y con su guitarra como quisó, en un interminable acople que le permitió hacer malabarismos con la guitarra. En resumen, un concierto de los de recordar, y un sitio que invita a ir a mas conciertos en un futuro.
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