| Festival de Jazz Vitoria-Gasteiz |
| Fernando Cerecedo Pastor | |
| 01/agosto/2007 | |
|
Porque a uno, que es amante del JAZZ (así, con mayúsculas), le queda la sensación que si hubiera acudido esporádicamente a alguna de las jornadas solamente, se habría perdido grandes cosas. Pero vayamos poco a poco, con la crónica del festival.
Martes 17 de Julio. El festival arrancaba con su tradicional “Picnic de Nueva Orleans” en las Campas de Armentia la tarde del día 15, y tenía continuidad el 16 con la apertura de los dos escenarios ya habituales del Teatro Principal y el Polideportivo de Mendizorroza. Nosotros nos incorporamos el martes 17, asistiendo al programa doble de Mendizorroza.
Para la 2º parte de la jornada se presentaba el “San Francisco Jazz Collective”, que como ellos mismos se encargaron de explicarnos desde el escenario, funciona como colectivo de músicos que anualmente homenajea a alguna de las grandes figuras del jazz, a la vez que incorporan composiciones propias en el repertorio. Este año el homenajeado era Thelonius Monk (sonó, entre otros, un fantástico “Epistrophy”) y el resultado no pudo ser mejor. Dentro del octeto, la presencia de dos grandes figuras como el trompetista Dave Douglas y el saxofonista Joe Lovano no eclipsó al resto de los componentes de la formación: Andre Hayward (trombón), Miguel Zenón (saxo alto), Stefon Harris (vibráfono), Renee Rosnes (piano), Matt Penmann (contrabajo) y Eric Harland (batería).
Todos gozaron de su cuota de protagonismo por igual (el que más se extendió en las explicaciones, por obvias cuestiones de idioma, fue Zenón), y tanto las composiciones originales como los arreglos, se distribuían entre todos los músicos. Una grata sorpresa el descubrimiento en directo de Stefon Harris y Miguel Zenón (dos músicos para seguir de cerca de partir de ahora), y fantástico toda la noche el trabajo de Eric Harland. El de Vitoria era el último de los conciertos de la gira europea y quizás eso contribuyó al excelente concierto que ofrecieron, uno de los destacados dentro del excelente nivel del festival. Como primera jornada, nos retiramos más que satisfechos.
Miércoles 18 de Julio.
En el Principal, el armonicista Antonio Serrano presentaba “Armonitango”, su homenaje al maestro Ástor Piazzolla, acompañado por el pianista José Reinoso, el contrabajista Horacio Fumero y el baterista David Xirgú. Tras un comienzo con ligeros nervios (o eso nos pareció), poco a poco la cosa se fue asentando y ya en el segundo tema empezamos a disfrutar de lo lindo. Serrano nos mostró un puente entre el jazz y el tango de una forma natural, encontrando espacios comunes donde desarrollar un lenguaje que comunique ambos mundos. En formación de dúo, trío y cuarteto, fueron sonando “Milonga del Ángel”, “Contrabajeando”, “Oblivion” o “Adios Nonino”. Antonio Serrano estuvo muy bien, sensible e intenso según la situación, y Reinoso fue su complemento ideal toda la tarde. Fumero y Xirgú, una garantía de buen hacer en la rítmica, contribuyeron, y de que manera, a un resultado excelente. El listón del día estaba muy alto, y el resto de la jornada, por desgracia, no iba a resultar a la misma altura. Tenía muchas ganas de escuchar al Niño Josele y su homenaje (este ha sido el festival de los homenajes) a Bill Evans. Había leído cosas muy buenas al respecto, y que mejor forma que un concierto para comprobarlo.
Bill Evans fue un pianista de una extraordinaria sensibilidad, que dio un nuevo sentido a la formación clásica del trío de piano. De todo ese “universo Evans”, poco pudimos reconocer en la música que nos mostró el Niño Josele. Todo sonaba bien, muy arregladito… pero sin chispa. Se iban alternando las formaciones (guitarra sola, con percusión, con contrabajo) pero los temas se sucedían sin nada que contar. La presencia de Joe Lovano en algunos temas enderezó un poco las cosas, y el saxofonista, brillante en sus intervenciones, sí supo encontrar esa vía de unión entre ambas músicas, y entre el escenario y el público.
Para tratar de saciar las ganas de jazz que nos había dejado la noche, acudimos a ver al trío del pianista Cyrus Chestnut al Hotel “Canciller Ayala”, donde se desarrolla la sección “Jazz de Medianoche”. Además del excelente pianista, allí se subieron a tocar Joe Lovano (es incombustible, y da gusto ver en una gran figura, esa pasión por tocar y disfrutar con esta música), el trombonista Wycliffe Gordon, y Antonio Serrano, que no se pudo resistir a la magia del momento y subió raudo a su habitación a por la armónica.
Jueves 19 de Julio Habían pasado ya seis años desde la 1º vez que Esbjörn Svensson Trio (E.S.T.) actuara en el teatro Principal y este año repetían escenario (hace cuatro estuvieron de nuevo, pero en Mendizorroza) Arrancaron con un par de temas de su última grabación (“Tuesday Wonderland”), para después alternar con temas de trabajos anteriores, como “Definition of a dog”.
“Tuesday Wonderland” puso la primera guinda al pastel del concierto, ya que hasta dos veces tuvieron que repetir los escandinavos. El primer bis, con petición y todo: Svensson preguntó al público qué querían oír, y rápidamente se escuchó “When God Created The Coffeebreak”, así que dicho y hecho. Pero eso no fue suficiente, y con las luces del teatro ya encendidas y el trío en camerinos, de nuevo tuvieron que salir ante la insistencia de un público que quería que el concierto no terminara nunca. De nuevo salieron al escenario, y con “Sipping on solid ground” pusieron fin a un inolvidable concierto.
Junto a Tyner, Gerald Cannon (contrabajo) y el ya habitual Eric Kamau Gravatt a la batería. Como invitado especial, el saxofonista Gary Bartz en la difícil papeleta de evocar a Trane. Curiosamente a lo largo del concierto no se interpretó ningún tema de Coltrane, si bien los temas recordaban a los clásicos del repertorio del saxofonista.
Gary Bartz cumplió con el brete en el que estaba, y al alto estuvo muy bien, con un precioso sonido y “coltraniano”, como correspondía a la ocasión. En el único tema que tocó con el soprano nos gustó menos. Tyner despliega clase cada vez que pone los dedos sobre el piano, y a pesar de su edad y su estado físico (aunque lo encontramos algo mejor que el año pasado), sigue marcando diferencias. Esperamos poder seguir viéndole muchos años.
La relación de Spike Lee con el jazz es bien conocida. Este año, él y el compositor de gran parte de sus bandas sonoras, el trompetista Terence Blanchard, presentaban este proyecto conjunto en el que se hace un repaso a la música de las películas más representativas del director nacido en Atlanta.
Tres vocalistas, Hill St. Soul, Bilal y Patti Austin (excelente en sus intervenciones) se iban alternando en los temas cantados. Mientras sonaba la música, dos grandes pantallas proyectaban imágenes de las películas de Lee. Dos momentos especiales tuvo la noche, el primero con el recuerdo de la película “Malcolm X”, y un pequeño documental sobre la vida del activista afroamericano, y el segundo con “When the leeves broke” un documental de cuatro horas en el que Lee recuerda la tragedia del Katrina y la incompetencia de la administración americana para afrontar la situación. Blanchard, además de maestro de ceremonias, estuvo excelente a la trompeta, y el resultado gustó al público.
El fin de la jornada, de nuevo en el hotel, donde en esta ocasión, tanto Terence Blanchard como el saxofonista Donald Harrison (que estaba de profesor en el seminario que la Juilliard School desarrolla paralelamente al festival) estuvieron tremendos en una jam session de lo más animada y concurrida. ¡Qué más se puede pedir!
Viernes 20 de Julio Si bien el festival finalizaba el sábado, era nuestro último día en Vitoria. Era además ese día que uno tenía señalado como especial, dentro de la excelente programación que el festival tenía, y la verdad es que la jornada no defraudó.
La jornada en Mendizorroza tenía esos tintes de histórica, por la presencia del saxofonista Ornette Coleman. A los 77 años, el máximo exponente del free jazz (casi medio siglo ha pasado desde su revolucionario ”White Light”) se presentaba en Mendizorroza con nueva grabación y nuevo sello discográfico bajo el brazo (“Sound Grammar” se llaman tanto uno como el otro, ahí no ha sido muy original). El concierto se presentó en un extraño formato a quinteto, con su hijo Denardo a la batería, dos contrabajistas (Tony Falange y Charnett Moffett) y el bajo eléctrico a cargo de Al McDowell. El concierto me resultó desigual, con momentos excelentes y otros de excesiva confusión, propiciada en gran medida por la presencia de los tres bajistas que a veces cuando trataban de sumar, restaban, y un Denardo Coleman que contribuía muy poco en aclarar las cosas. Cuando no sucedía esto, y podíamos distinguir el precioso sonido del saxo de Coleman sobre las texturas que creaban sus acompañantes, el resultado era delicioso. De todo se pudo escuchar, desde el blues “Turnaround”, desdibujado en su forma a los pocos compases de terminar su exposición, a la música de Bach, con un emotivo “Lonely Woman” que, a modo de bis, puso fin al concierto.
Con “Ebb and flow” abrieron el concierto, donde un magnífico Robin Eubanks se despachó un solo de sombrero. Pero es que poco más tarde, Chris Potter (soberbio toda la noche), lanzó un órdago en el tema “How’s never” difícil de olvidar. Todo esto sustentado por la rítmica tan especial que son capaces de crear entre el contrabajista el Nate Smith a la batería, y con la singularidad dentro del quinteto de que el único soporte armónico sea el que aporta el original vibrafonista Steve Nelson. Además de todo esto, Holland fue capaz, durante uno de sus solos, de hacer que el tiempo se detuviera por unos instantes en Mendizorroza: no se oía ni un susurro (y mira que es difícil eso). El único tema no compuesto por el líder que sonó esa noche fue “Vicisitudes”, de Chris Potter, ya al final de la actuación. De bis, y con pocas ganas por nuestra parte de que el concierto acabara, “Easy did it” puso fin a la jornada. Para nosotros, el concierto del festival. Con esto, pusimos fin a nuestra presencia en Vitoria, a falta de la última jornada, que contaba con las actuaciones de Esperanza Spalding y de Norah Jones. Tras esta primera toma de contacto con el Festival de Jazz de Vitoria de forma intensiva, y tras 11 conciertos presenciados, sólo nos queda desear que el año que viene tengamos oportunidad de repetir, y si el calendario no lo impide, allí estaremos para contároslo.
Chris Potter |