21/noviembre/2008
32º Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz.
Fernando Cerecedo Pastor   
05/agosto/2008
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Al finalizar el artículo del pasado año, “amenazaba” con repetir experiencia vitoriana y, como lo prometido es deuda, y más si se hace con placer, este año he podido de nuevo acudir a la cita.

La estructura del festival de Vitoria es sencilla: concierto a media tarde en el coqueto Teatro Principal, que bajo el epígrafe de “Jazz del siglo XXI” recoge actuaciones de músicos jóvenes y/o de vanguardia, en un pequeño aforo que encaja perfectamente con este tipo de música. La buena sonoridad del espacio y la cercanía entre músicos y público hace el resto. Un poco más tarde, con tiempo suficiente para desplazarse de un lugar a otro, el Polideportivo de Mendizorrotza alberga el programa doble (plato fuerte del día) Como actividades paralelas se situarían los conciertos del mediodía en el Centro cultural Montehermoso y la “Sesión de Medianoche” del hotel Canciller Ayala, que suele deparar sorpresas en forma de jam session con los músicos del programa oficial. Si a eso le sumamos diversos conciertos en distintos locales de copas y el atractivo de la propia ciudad en sí (que delicia caminar por sus amplias y abundantes zonas peatonales), el resultado es más que satisfactorio para los aficionados a esta música. Pero vamos a entrar en faena y a contar lo que, bajo mi punto de vista, ha dado de sí la edición de este año. El festival comenzaba el domingo 13 de Julio con el tradicional “New Orleáns Picnic” en las campas de Armentia, aunque mi incorporación al festival fue dos días más tarde.

Martes 15 de Julio.

A-charles_lloydPresentar como Jazz del siglo XXI a un músico de setenta años puede parecer un error, sin embargo, Charles Lloyd encaja bien dentro de esa definición, ya que siempre ha sido un músico bastante alejado de los tópicos. Se presentaba con la misma formación con la que recientemente ha publicado para ECM su último trabajo discográfico, “Rabo de Nube” (sí sí, el tema del cantautor Silvio Rodríguez), y el concierto giró en torno al material recogido en la grabación. Jason Morán al piano, Reuben Rogers al contrabajo y Eric Harland a la batería forman la excelente base rítmica que acompañó, y empujó a Lloyd sobre el escenario. Manejando las diferentes texturas que le proporcionaban sus tres instrumentos de viento (tarogato, flauta y saxo tenor), los temas iban desde los sonidos étnicos a los intimistas, incluso con alguna incursión en sonidos más funk. Lloyd estuvo muy bien, aunque quizás eclipsado por el fantástico concierto que se marcó Moran, siempre encontrando la nota justa y la intensidad adecuada a cada situación, y en una compenetración total con los otros dos compañeros de viaje (cuanto más veo a Harland, más me gusta) Como inicio de festival, me marche del teatro más contento que unas castañuelas: esto es entrar con buen pie.

B-wayne_shorterEl programa doble de Mendizorrotza comenzaba a lo grande, con el saxofonista Wayne Shorter al frente de su cuarteto ya tradicional de estos años: Danilo Pérez (piano), John Patitucci (batería) y Brian Blade (batería) La carrera musical de Shorter es de una coherencia absoluta, sin pasos en falso o absurdos devaneos, y dando siempre la impresión de estar mirando un poco más allá que sus coetáneos. El concierto que ofreció en Vitoria fue absolutamente magistral: una especie de suite en cuatro movimientos, en la órbita del free. Pequeños obligados iban atando las distintas fases del desarrollo, donde la base rítmica iba creando el sustrato para que Shorter, bien al tenor o al soprano, le diera coherencia a ese torbellino de ideas. El trabajo de Patitucci y Blade soberbio, en intensidad e intención, y Danilo siempre atento y al quite en el acompañamiento y hábil en sus solos. Por encima de todo, Shorter, como gran constructor y catalizador, capaz de decir más con una sola nota que muchos otros con cientos de ellas. Un concierto de sensaciones, y de los de “verdad”.

El segundo concierto tenía como protagonista al pianista Herbie Hancock, lo cual, en principio, siempre es una garantía. Si además se le unen Dave Holland (aunque coja el bajo eléctrico a veces por el contrabajo) y el saxofonista Chris Potter, la cosa no puede pintar mejor, si bien la presencia a la batería de Vinnie Colaiuta me tenía un poco escamado (y es que soy poco amigo de los bateristas pirotécnicos). Leía unos días antes que Hancock había llamado a su gira “River of Posibilitéis”, jugando, de una forma no muy original, todo hay que decirlo, con el título de sus dos últimos trabajos discográficos. La presencia de las vocalistas Sonya Kitchell y Ami Keys presagiaba una buena dosis de canciones del disco homenaje a Joni Mitchell, aunque… Abrió el conciero la setentera “Actual Proof” y acto seguido salieron al escenario las cantantes para interpretar “River” del reciente disco antes mencionado. “All I Want”, o el tema de U2 “When Love Comes to Town” marcaron la parte vocal, en la que Potter no parecía tener muy claro cual era su papel, y ver como Holland se pegaba con Colaiuta para mantener una coherencia rítmica era todo un espectáculo (y mira que tiene que ser difícil no entenderse con Holland). 

Escuchar a Colaiuta después de Brian Blade debe ser pecado. Entre tema y tema, Hancock se marcó unas parrafadas importantes, aunque alguien debería explicarle que en este país, el porcentaje de angloparlantes es más bien escaso, así que gran parte de la concurrencia miraba con cara de póquer y sonreía de vez en cuando, por si acaso lo que estaba contando era algo gracioso (aunque tampoco mucho, la verdad) El momento del concierto vino tras la extensa presentación que hizo de Dave Holland; tras ella, y tras retirarse todos los músicos del escenario, se quedó con su mini-contrabajo para tocar un tema solo lleno de delicadeza y musicalidad. Tras él, Hancock a piano solo (porque ojo, no se le ha olvidado tocar, y cuando se pone se disfruta), y a partir de aquí poco más: Comenzó a sonar “Footprints” y muchos pensamos que quizás en ese momento aparecería Shorter por el escenario (se había hablado de esa posibilidad), pero de eso nada. Un tema en solitario del guitarrista y cantante Lionel Loueke y directamente a la locura: tuve un déjà Vu cuando reconocí los acordes de introducción al “Cantaloupe Island” (véase la crónica del festival de San Sebastián 2006) y tras él, como bis, el inevitable “Chameleon”, con el teclado de mano y toda la pesca. Si unos párrafos arriba hablábamos de la impecable trayectoria de Shorter, los devaneos de Hancock son de meter miedo.

Miércoles 16 de Julio.

D-jose_jamesSiempre se va a estos festivales albergando la posibilidad de descubrir algo nuevo. Cuando leí en el programa sobre la actuación del cantante José James me llamó la atención (el mundo de los cantantes está bastante pobre) Cuando le ví salir al escenario me mosqueé un poco (esa gorrilla de medio lado estilo rapero y el poco glamouroso polo de rayas me hizo torcer el gesto), pero las apariencias engañan, y en cuanto comenzó a cantar me dejó con la boca abierta. Tiene James una excelente voz, pero sobretodo un dominio técnico, conocimiento de la tradición, y ganas de arriesgar y jugársela en cada tema tremendas. Escuchamos varios guiños a la música de John Coltrane (al margen de una versión de “Equinox” preciosa), mucha improvisación vocal, y una banda que lo arropó con calidad (excelente trabajo del pianista Gideon Van Gelder) Sólo tiene un disco en el mercado, “The Dreamer”, aunque también podéis escuchar su trabajo en su myspace. Yo os lo recomiendo.

Para un músico, la posibilidad de tocar en un festival como el de Vitoria debe ser un caramelo difícil de rechazar. Ahora bien, uno debe de ser consciente de que la responsabilidad es grande, y saber si se puede asumir el reto. Javier Limón, productor musical a la vez que músico, ya colocó dos de sus productos en el programa doble de Mendizorrotza el año pasado, y en esta edición, le tocaba a él abrir la noche orientada hacia la música latina (aunque estemos en un festival de Jazz, estas cosas pasan) Y hacía la introducción anterior porque el concierto fue, de largo, lo más flojo que ha ofrecido esta edición del festival vitoriano. Dirigía Javier Limón una numerosa banda que nos ofreció un una versión light y simplona de fusión entre la música española y latinoamericana. Ni el repertorio, ni los arreglos (bastante simples), ni la rítmica sonaban “de verdad”. Por momentos, y cerrando los ojos, me daba la impresión de estar en una verbena de mi pueblo, con orquesta de lujo, eso sí, pero verbenera al fin y al cabo. En un  festival como el de Vitoria se presupone música de más enjundia. 

F-bebo_valdesLa segunda parte de la noche sonaba a homenaje, aunque no estuviera catalogada oficialmente como tal: la presencia de Chucho Valdés junto a Bebo, su padre, y Mayra, su hermana eso hacían presagiar, y la puesta en escena nos lo confirmó. Salió inicialmente Chucho al frente de su banda, para tocar primero su particular homenaje a la música de Duke Ellington, y después su “Danzón para Chucho”. Con una sección rítmica de lujo (la batería de Juan Carlos Rojas, las percusiones de Yaroldy Abreu y el bajo de Lázaro Rivero), el pianista demostró su dominio del instrumento, si bien se me antojó un poco frío. Para calentar el ambiente se bastó Mayra Valdés sola, que salió a continuación, como anticipo a la aparición del patriarca. Bebo está mayor, y no sólo lo delata su partida de nacimiento y su andar cansado, sino que sus manos ya notan también el paso del tiempo. El público ya estaba de su lado, pero se lo metió en el bolsillo cuando, nada más sentarse al piano, interpretó a piano solo “La Paloma”, del compositor vitoriano Sebastián Iradier. Tras ella, su recuerdo al gran Ernesto Lecuona, y su “Comparsa”, y una espacie de boogie-woogie, temas en los que la falta de agilidad delataban lo que antes comentaba. Sigue conservando sin embargo ese punto especial, que puso de manifiesto tocando a dos pianos junto a su hijo, y que hace que la música cubana camine de una forma tan particular: ese desplazamiento rítmico de las notas, que no se puede anotar sobre el pentagrama, y que hace que todo suene diferente, con sabor. Para el fin de fiesta, y con las dos bandas reunidas sobre el escenario, “Lágrimas Negras” ponía el cierre a la jornada.

Buscando un poco de Jazz con el que irme a la cama, la cita estaba en el Hotel Canciller Ayala, con el trío liderado por el fantástico baterista Lewis Nash, que junto al rocoso contrabajista Meter Washington y el enorme (en todos los sentidos) pianista Dado Moroni, formaban el grupo base de las Jam, por las que pudimos ver, entre otros, a Terel Stafford, Ron Blake o Benny Green. Una buena manera de acabar una jornada.

 

Jueves 17 de Julio.

G-jef_neveEl Principal tenía dedicadas sus tres últimas jornadas (no se si de forma predeterminada o mera casualidad) a los tríos de piano. El primero en presentarse era el joven belga Jef Neve, que junto con Piet Vebist al contrabajo y Teun Verbruggen a la batería, ofreció un correcto concierto, aunque un tanto falto de garra. Su formación clásica sale a relucir en pasajes barrocos que se intercalan en su discurso, un tanto difuso y retórico a veces, que hace que se pierda un poco el hilo del concierto en excesivos meandros cuando en ocasiones, una línea más directa resulte más efectiva. Se intuyen también influencias de Mehldau y Svensson, aunque su juventud hace que se pueda esperar una voz propia a medida que avance su carrera.

 

Mendizorrotza deparaba para su programa doble una jornada bajo el epígrafe de “Women in Jazz” (muy políticamente correcto en estos tiempos que corren) Abría fuego la compositora y arreglista Maria Schneider que, al frente de su Big Band, ofreció un concierto lleno de delicadeza y modernidad a partes iguales. Se basó el concierto principalmente en su último trabajo discográfico, “Sky Blue” (por el que logró los Jazz Awards de 2008 al mejor álbum, mejor dirección, mejor arreglo y mejor ensemble de gran formato), así como algunos temas de antiguas grabaciones. No puede ocultar Schenider, ni falta que hace, sus años de trabajo y formación al lado del gran Gil Evans, que asoman en esos arreglos sorprendentes en el uso de las voces, y en esos backgrounds que sutilmente acompañan a los solistas para arroparlos en su improvisación. Schneider dirige la orquesta con gesto suave, muy expresiva, pulsando en todo momento la intensidad de la banda, que funciona con una pasmosa precisión. Pero también hay espacio para la improvisación, y los solistas van saliendo al centro del escenario para crear sobre el maravilloso colchón sonoro que sus compañeros sustentan. Brillante concierto, en definitiva, de los de guardar en la memoria.

  H-maria_schneider

Tras el descanso llegaba el turno de Cassandra Wilson. Parece que hay cierta premura por encontrar una nueva Diva del Jazz, y la Wilson se postula entre las candidatas a semejante honor. Tras un ligero reggae a cargo de su banda (Marvin Sewell a la guitarra, Jonathan Baptiste al piano, Reginald Veal al contrabajo, Herlin Riley a la bateríay Lekan Babalola a la percusión), apareció la cantante y el público rompió a aplaudir. Un “Caravan” para abrir boca, al que siguieron, entre otros clásicos, “St. James Infirmary”, “Them there eyes”, “Orfeo Negro”, “Sweet Lorraine”, y hasta nos llevó al delta con un blues de Robert Johnson. Cassandra Wilson posee una preciosa voz, y recursos vocales sobrados, pero esperaba de una cantante como ella algo más que un bonito concierto. A quien puede dar más de sí, se le puede exigir ese plus de excelencia, que marca la diferencia entre los buenos y los mejores, pero la Wilson se conformó con gustar y gustarse, huyendo del riesgo y en cierta forma, acomodándose a un público que estaba entregado y poco exigente.

Viernes 18 de Julio.

Me contaron al día siguiente que el pianista Yaron Herman se encontraba ligeramente indispuesto la tarde del concierto en el Principal, pero desde luego, yo no se lo noté en absoluto. Este joven pianista israelí fue un torrente de energía y vitalidad, una mezcla curiosa y bien llevada de melodías de aires tradicionales, música pop y jazz, que suena de forma convincente y creíble. Eficientes en su labor, el contrabajista Matt Brewer y el baterista Gerald Cleaver acompañan discretamente el trabajo del líder, sin robarle protagonismo excepto en contadas ocasiones, pero dando el apoyo necesario para que desarrolle su música con total libertad. No era esta la primera vez que Herman tocaba Vitoria, y seguro que ésta no va a ser la última. 

K-sonny_rollinsDe vez en cuando, los grandes toreros se encierran a solas con los seis toros (y el sobrero si hace falta), y se meriendan la tarde taurina sin compañía de ningún otro espada. Sonny Rollins es de los grandes (el último de ellos que nos queda), y tiene a sus 78 años los arrestos suficientes como para ofrecer un concierto de más de dos horas, de forma que el habitual programa doble de Mendizorrotza se convirtió, como en la anterior visita de Rollins hace un par de años, en un concierto único con descanso por el medio.

“They say it’s wonderful” fue el tema elegido para abrir el concierto, y comenzó fuerte, más de un cuarto de hora de continua improvisación, al más puro estilo Rollins. A partir de ahí, y hasta el descanso, el saxofonista pasó a un lugar más discreto, dando cancha a sus compañeros, en especial al guitarrista Bobby Broom (muy imaginativo en algunos momentos) y al trombonista Clifton Anderson (excelente en todas sus intervenciones) La banda acompañante era exactamente la misma que hace dos años (junto a los dos mencionados, Bob Cranshaw al bajo y Kimati Dinizulu a la percusión), con la novedad del baterista Kobie Watkins que cumplió con nota su cometido. Quizás Rollins no se encontraba todo lo cómodo que deseaba y de ahí ese paso al lado en su actuación y la brevedad del primer pase. Pero tras el descanso todo cambió, y tras un festivo “Don’t stop the Carnival” (el calipso siempre alegra los corazones) llegó un intenso, emotivo y arrollador “My one and only love”, donde el Coloso mostró toda su inmensidad sin tapujos: con su característico sonido, apabullante y poderoso, los coros se sucedían, y Rollins exploraba, una y otra vez, en una armonía que no por archiconocida parece que se aprehenda del todo. El saxofonista la diseccionó para todos nosotros, nos la mascó y la sirvió en bandeja de plata; esto es el Jazz, aquí lo tenéis.

La noche continuó con la misma intensidad, porque Rollins ya no se bajó del carro, y asumió su rol hasta el final, un “Blues Jam” con el que cerraba el concierto y que ponía al público en pie, entregado al maestro. Si me gustaría hacer una consideración más, al margen de la musical, respecto a Sonny Rollins: es de admirar el gran respeto que muestra por el público, y verle con su maltrecho tren inferior, moverse de un lado al otro del escenario durante toda su actuación, para que nadie, esté en el lugar que esté, se sienta ninguneado, saludando, ofreciéndose…es para poner los pelos de punta. Por si esto no fuera suficiente, al finalizar el concierto, atender a la numerosa legión de aficionados que se acercaron a por un autógrafo, una foto, o simplemente poder ver de cerca de esta leyenda viva del Jazz, y hacerlo durante más de dos horas, con una amabilidad y corrección admirables… ¡cuántos tendrían aprender! Bravo Sonny. Por cierto, se despidió con un “hasta la próxima vez”. Que así sea.

Sábado 19 de Julio.

La última jornada del festival traía al Teatro Principal al trío de Agustí Fernández, Barry Guy y Ramón López, cuyo concierto se basó en el disco “Aurora”, editado hace un par de años. Es curioso el funcionamiento de este trío en el que la (al menos aparente) frialdad de Fernández se contrapone al empuje del contrabajo de Guy y la batería y percusiones de López, y esa contención, que parece que crea tensiones, funciona realmente bien. A destacar bajo mi punto de vista, el trabajo de Ramón López creando el ambiente adecuado a cada momento de la interpretación, leyendo a sus compañeros y dando un marcado carácter al conjunto. Un buen concierto para el cierre del “Jazz del siglo XXI”, que globalmente ha estado francamente bien.

Hace 50 años, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes presentaban su composición “Chega de saudade”, la que hoy día es considerada la primera Bossa Nova, y que se hizo mundialmente famosa en la voz de João Gilberto. El festival de Vitoria rendía homenaje a este género que tanto ha dado al Jazz y que también tanto se ha nutrido de él.

M-rosa-passosRosa Passos es hoy día una de las figuras de la música brasileña, y así lo demostró en Mendizorrotza. Rosa cantó a Jobim y a Elis Regina (sus dos grandes influencias) y también se cantó a ella misma, y los hizo con su gusto y sensibilidad habituales. Excelentemente arropada por Fabio Torres (piano) Paulo Paulelli (contrabajo) y Celso de Almeida (batería), Passos repartió sonrisas y rosas entre el público, y también un poco del calor de su Porto Alegre natal. Quizás como momento más destacado, los temas a dúo con Paulelli al contrabajo y ella con su guitarra: así, desnuda de acompañamiento, su voz adquiere toda la dimensión y da cumplida cuenta de su categoría. Con la banda al completo, la música mantiene la tradición brasileña y es capaz de incorporar, con naturalidad y calidad, elementos jazzísticos que enriquecen el mensaje. Excelente concierto, y excelente homenaje a la Bossa Nova.

La lástima de la noche fue que la primera parte no tuviera su prolongación en la segunda. Milton Nascimento actuaba junto al “Trío Jobim” (en él se encuentran el hijo y el nieto del compositor), y la verdad es que el concierto nos dejó un mal sabor de boca. La voz de Nascimento no pasa por su mejor momento, y quedó patente (demasiado diría yo) en gran parte de su actuación. Acaba de grabar un álbum homenaje a la bossa, “Novas Bossas”, con esta misma banda, donde se recogen temas de Dorival Caymmi, Vinicius de Moraes y Jobim, y que fue en parte interpretado durante la noche, así como otros clásicos de Nascimento. Si al problema ya mencionado de la voz unimos que el Trío Jobim cumple, pero tampoco es una banda de lujo, el resultado global no puede salir muy airoso. Una pena.

Tras esta segunda experiencia en el festival de Jazz de Vitoria, no me va a quedar más remedio que repetir el año que viene: me llevo de este año el recuerdo de un excelente ciclo en el “Jazz del siglo XXI”, bien programado y compensado, aunque quizás el exceso de tríos de piano le restó algo de variedad en su parte final, y unos cuantos conciertos en Mendizorrotza para guardar en el recuerdo. Como siempre la disparidad en los gustos puede hacer que unas cosas te gusten menos que otras, es algo inevitable, pero sí se debe exigir a un festival de este nivel, actuaciones que estén a la altura de su prestigio e historia. Leía hace unos días una entrevista a Iñaki Añúa, director del festival, en la que comentaba la altísima fidelidad que tiene el certamen vitoriano. Un público fiel es excelente noticia para el Jazz, pero también lo debe ser un público exigente y poco conformista. Pienso que esa es la forma de crecer, dentro de una música minoritaria como ésta, porque espacios donde nos den más de lo mismo es lo que sobra. Una programación cuidada, unida al ambiente que rodea a la ciudad durante los días del festival, hace de Vitoria un destino muy atractivo para unas mini vacaciones melómanas. Yo desde aquí, os lo recomiendo.

C-herbie_hancock
Herbie Hancock

E-javier_limon
Javier Limón

  I-cassandra_wilson
Cassandra Wilson

 J-yaron_herman
Yaron Herman

  L-agusti_fernandez
Agusti Fernández

 
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