30/agosto/2008
Exposición fotográfica de Torregar
Redacción   
05/enero/2006
Entre el 9 de enero y el 5 de febrero, la Galería Babel de Murcia nos mostrará la exposición fotográfica “Crisis de identidad”, del artista murciano Torregar, enmarcada entre las actividades que se están realizando dentro del Fotoencuentros 2006.



La exposición fotográfica puede visitarse de lunes a viernes, de 11 a 14 y de 18 a 21 h. Sábados, de 18 a 21 h. Domingos, cerrado.

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José Antonio Torregrosa García (Torregar), Ceutí, 1978. Se licencia en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia en 2002 y realiza el cuarto curso en la Academia di Belle Arti de Venecia gracias a una beca Erasmus. Complementa su formación en varios talleres con Antonio López, Pedro Cano, Joan Fontcuberta, Pablo Genovés y Marina Abramovic. Obtiene distintas becas: Universidad Complutense de Madrid para los cursos de El Escorial 2001, Talens de Creación Plástica 2002, de Residencia en la Fundación Antonio Gala 2003-2004 y VII Xuntanza Internacional de Artes Plásticas de Piloño (Pontevedra) 2004. Realiza exposiciones en Italia, México, Estados Unidos, Emiratos Árabes y España, entre las que destacan individuales en la galería Casaborne de Málaga 2005, galería Babel de Murcia 2002 y 2004, centro cultural de Ceutí 2003, Museo de Siyâsa de Cieza 2002 y Universidad de Murcia 2001, y colectivas en el IVAM de Valencia, Museo Municipal de Lalín (Pontevedra), Museo de la Universidad de Alicante, Fundación Bevilacqua La Masa de Venecia y Sharjah Art Museum de Emiratos Árabes Unidos.

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La exposición
No nos extrañamos cuando al mirarnos en un espejo fotográfico dejamos de vernos a nosotros mismos (o lo que creíamos que éramos como significante). No nos alteramos cuando reflexionando sobre nuestro yo en abstracto uno se percata de que es aquello que no quiere ser -lo que odia, le desagrada o simplemente le incomoda-. Ese no-extrañamiento y esa no-alteración -siempre que nos mantenemos dentro del referente razonable- son consecuencia directa del contexto reconocible, aunque a veces no asumido. Y es que el sujeto identificado -el consciente, que se conoce y conoce a los demás tal y como son realmente- no se perturba, sabiéndose capacitado de trasformar lo que no le entusiasma. Éste ser -en este caso, el artista- pretende, cuando está en desacuerdo con su situación, auto-realizarse, acomodarse a la narración de lo ideal (imagen mental conceptualizada); pretende a través de la conformación de los otros readaptarse, crearse particularmente en una forma ficcionada, sea monstruosa o no. Todas estas nociones, englobadas en el arte de comprendernos a nosotros y a los otros, encuentran en la faceta creativa -entendida en su amplio discurso plástico- el medio adecuado en el que expresar esa nueva irrealidad, ya real. Es bajo estos propósitos donde insertamos las representaciones de José Antonio Torregrosa García -Torregar-, que nos hace partícipes mediante sus ensayos fotográficos de los juegos de dualidades y confrontaciones que se establecen ante la búsqueda de la identidad, o de los rasgos identificativos del ser preconcebido a través del falseamiento como norma calificativa.

Preguntas como ¿qué somos?, ¿cómo somos?, ¿quiénes somos? y, en definitiva, ¿cómo queremos ser, vernos o que nos vean? encuentran miles de respuestas tan sólo coherentes en la subjetividad de los individuos. Así pues, en sus obras se produce una exaltación de lo confuso y de la contradicción que conlleva el tratamiento del retrato-identidad (aquel que testifica directamente a un ser concreto) trasmutado. Todo ello encuentra su respuesta precisa en la composición del sujeto a través de fragmentos de sí mismo (en este caso, de su rostro), mediante un proceso de deconstrucción como medio fidedigno para la construcción o nueva visión de ese personaje. Para tales designios se acerca a la locución del collage y se apropia de la famosa fórmula utilizada por David Hockney (ejercicio que trata de reconstruir la realidad con fracciones de ésta mediante el uso directo de la imagen fotográfica). Con ella deja clara su intención de recomponer la desigual percepción que este artífice tiene del hombre o de su analogía. Dentro de este contexto de reafirmación fraccionada nos hacemos identificables en las porciones de nosotros que aún mantienen la idea del ser: los ojos, la boca o la nariz, elementos testigos que nos recuerdan el arquetipo, no obstante y contradictoriamente, alejado de lo humano.

Las personas, las no conformadas, sienten siempre la necesidad de expresarse en un ámbito diferente al suyo. La desemejanza de nosotros, el disfraz, el atuendo, el maquillaje que nos acompaña y que nos hace heterogéneos o, en su defecto, similares (por la búsqueda de un ideal tipo), esa mascara que de juego en la niñez pasa a ser el papel diario en nuestro desarrollo, es el campo en el que estos retratos se mueven.
Fernando Vázquez Casillas

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* Imagénes pertenecientes a la exposición de Torregar
 
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